
Longevidad, flexibilidad y pasión; la trayectoria de Lindy Ruff en la National Hockey League (NHL) se sustenta sobre tres pilares únicos y sólidos. Durante el curso de su carrera detrás de los banquillos, Ruff se ha convertido en una de las figuras más reconocibles del hockey sobre hielo profesional. Como la de tantos otros, sus aventuras en el suelo helado comenzaron como jugador, conocido por su dureza y capacidad de liderazgo.

Ya en el apartado táctico, el técnico se granjeó desde pronto una reputación que sumaba a su habilidad directiva una agudeza defensiva y una competencia feroz que extraía lo mejor de sus equipos. Ruff ha asumido diversos cargos de head coach a lo largo de la liga, pero sus 16 temporadas en los Buffalo Sabres – divididas en dos etapas, la última iniciada este mismo año – cimentan todavía hoy su legado y herencia como una de las mentes más respetadas del deporte.
El canadiense no posee en su palmarés una Stanley Cup, pero su influencia en los equipos a los que entrenó, particularmente los Buffalo Sabres, resulta innegable
La travesía de Ruff en los banquillos de la NHL comenzó a mediados de los años 90; después de intercalar roles defensivos y ofensivos durante una década en las plantillas de Buffalo y los New York Rangers. Tras su retiro, el canadiense transitó rápidamente hacia la pizarra e hizo las veces de asistente con los Florida Panthers antes de iniciar su andadura como entrenador de los Sabres en 1997. El periodo de Ruff en Buffalo se extendió la friolera de 15 campañas y, junto a las que sume en su nueva relación con el club, le vale el título del head coach con más cursos en la historia de la franquicia. Además, en únicamente dos ejercicios, el natural de Warburg, Alberta, condujo al equipo a la final de la Stanley Cup en 1999 bajo una férrea defensa, goles oportunos y la leyenda de Dominik Hasek en la portería. Aunque cayeron ante los Dallas Stars en una serie envuelta en la polémica, Ruff ya había dejado su marca.
Al contraataque
Bajo el liderazgo de Lindy Ruff, Buffalo compitió durante la mayor parte del principio de los años 2000, incluso cuando la entidad, envuelta en apuros económicos, renovaba temporada a temporada su plantilla. La habilidad del canadiense para adaptarse a los diferentes conjuntos resultó particularmente evidente en la época posterior al cierre patronal que canceló toda la 2004-05, cuando los Sabres viraron hacia una fuerza ofensiva de altos vuelos. Los equipos de Buffalo entre 2005 y 2007 ocupan las mejores posiciones en la historia de la franquicia – ganaron el Presidents’ Trophy en el año posterior y alcanzaron dos finales del Este consecutivas. La capacidad de Ruff para desarrollar jugadores como Daniel Brière, Chris Drury y Thomas Vanek y mantener un estilo rápido y agresivo demostró su flexibilidad táctica. Pese a que los Sabres no ganaron un campeonato bajo su batuta, el impacto del técnico queda para los anales.

Concretamente, el estilo técnico de Ruff ha evolucionado a través de su carrera; pero sus equipos se caracterizan por su disciplina, un juego defensivo estructurado y su habilidad para contraatacar con velocidad. En las primeras instancias de su trayectoria, los conjuntos de los Sabres a los que dirigió se apoyaban fuertemente en la destreza de Hasek y en un sistema protector responsable. Sin embargo, a raíz de los cambios de normativa introducidos por la NHL tras el cierre patronal, el natural de Alberta ajustó su estrategia y la enfatizó en la posesión, las transiciones y la creatividad ofensiva. La capacidad del head coach para mezclar la vieja y la nueva escuela le convirtió en uno de los entrenadores más equilibrados de la liga. Además, Ruff se labró una reputación por no quedarse callado y sus intercambios verbales con otros colegas, habitualmente para defender a sus jugadores, quedan en las hemerotecas deportivas.
Un legado de pasión por el deporte
La salida de Lindy Ruff de su magnum opus se produjo en 2013. El canadiense, que atrajo las miradas de diversos equipos al quedar libre, asumió cuatro campañas el cargo en los Stars. Una vez completado su contrato, Dallas prescindió de su vínculo con el entrenador y Ruff aceptó un papel de ayudante en los Rangers. Finalmente, los New Jersey Devils se hicieron con sus servicios en 2020 para empezar una relación que tuvo sus altos y bajos y terminó con su despido a principios de marzo de 2024. La NHL, así como las principales competiciones deportivas profesionales norteamericanas, funcionan en una rueda que gira sin parar – cada verano en el caso del hockey. Así, en cada mercado, los conjuntos tienden a fijarse en los nombres desocupados y experimentados, antes que elegir el riesgo de un soplo de aire fresco. De esta manera, en uno de estos movimientos, los Sabres nombraron apenas un mes después a Ruff como nuevo head coach de la franquicia.

En suma, el legado de Ruff en la NHL estriba en la resiliencia, la adaptabilidad y una pasión sin medida por el deporte. El canadiense no posee en su palmarés una Stanley Cup, pero su influencia en los equipos a los que entrenó, particularmente los Buffalo Sabres, resulta innegable. La capacidad del técnico para asumir la figura de líder a través de las diferentes épocas del juego, ajustarse a ellas y encajar una filosofía competitiva en sus conjuntos visibilizan sus habilidades como head coach. Mientras continúa su carrera, Lindy Ruff conserva su lugar de respeto en el mundo del hockey y sirve como testigo de que la longevidad en la NHL se construye más allá de las victorias – reside en el liderazgo, la evolución e inspirar a aquellos que te rodean.
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